Junior y carnaval, una pasión que no está en fuera de lugar.

Por: Carlos Toncel Sanjuán *

Barranquilla es reconocida en el mundo por su carnaval; también es la cuna del fútbol en Colombia. El carnaval es una fiesta que descubre sus manifestaciones a través de los disfraces, sus danzas y su teatralidad. El Junior es el equipo de fútbol de la ciudad; sus hinchas lo llaman ‘tú papá’ o ‘los tiburones’.  Junior y carnestolendas parecen tener en común solo la festividad y la convocatoria, pero realmente son dos pasiones arraigadas en el corazón del currambero, que las combina hasta el punto que si Junior es campeón ¡se arma un carnaval!

Barranquilla y Junior son un matrimonio indisoluble, amor eterno con tropiezos de noventa minutos, con enfados por temporadas, pero que viven partido a partido una pasión que lejos está de divorciarse. Barranquilla y su carnaval danzan alegre año tras año. Entre máscaras y disfraces, comparsas y cumbiambas, los barranquilleros se toman algunas calles, olvidan sus problemas y dan rienda suelta a su espíritu festivo.

Y es que en Barranquilla el carnaval es un escenario de expresión colectiva y el Junior un discurso de masas, una pasión que el barranquillero tiene tatuada en el sentimiento y que vive en cada juego en el estadio Metropolitano, ese portento de cemento y pasiones, de goles y desamores, de gritos y profundos silencios; y de fiestas de tribunas rojiblancas y aficionados con efervescencia carnestoléndica camuflados en máscaras de marimondas pintadas con la camiseta del equipo tiburón.

En las tribunas del estadio la pasión rojiblanca puede transgredir límites insospechados. Una pareja, después casarse en la iglesia, no llegó a la fiesta en la que eran esperados por sus invitados, prefirió ir al estadio a ver jugar a su equipo. Llegaron, ella de vestido blanco y él de frac, pero debajo de su vestuario la camiseta de Junior. Y en ese amor futbolero, para el carnavalero e hincha del Junior, el carnaval es un acontecimiento cultural con libertad de restricciones, incluyente y espontáneo, y desde esa espontaneidad, el carnaval se ha convertido en un referente de la cotidianidad que experimenta el barranquillero, para el que Junior es también un modo de vida.

El carnavalero y juniorista asume la dinámica de la fiesta como la licencia para exteriorizar, para aflorar y poner en escena lo que le hace feliz, por ejemplo, su equipo de fútbol, y entiende que en el carnaval puede adaptar la presencia de Junior. De tal suerte, que, así como su amor juniorista florece en la cotidianidad, entiende que también lo hace en un desfile en el que unos Congos en su turbante llevan escudos del Junior y no flores. En una Guacherna en la que la reina del carnaval desfila con un atuendo con los colores del equipo y baila al ritmo de los cánticos de las barras.  O en el instante en el que los sones de cumbia o chandé le dan paso a un verso espontáneo con caja, guacharaca y acordeón:

Aquí canta Ezequiel Díaz

Mis versos vienen y van

Y que viva Barranquilla

El Junior y su carnaval

El carnaval es un escenario en el que confluyen múltiples manifestaciones y expresiones culturales. Para referirse a su riqueza, la antropóloga e investigadora cultural, Mirtha Buelvas lo referencia como un crisol de colores, sonidos, tradiciones y ritmos. Para el hincha juniorista, además de vivir su fiesta, también se constituye un espacio de legitimación de su pasión futbolística.

No es la pretensión que estas representaciones logren un estatus de líderes de la tradición, pero si emergen como expresiones que enriquecen con su colorido y alegría los escenarios de la fiesta. El matrimonio carnaval-Junior no es una vinculación a la fuerza. Los amores de estos dos símbolos de la ciudad son producto de una convivencia fiel a la tradición, la cultura y el espíritu festivo del barranquillero. Lo que permite concluir que el Junior en el carnaval es una pasión que no está en fuera de lugar.

*Comunicador Social y Periodista. Magíster en Comunicación.

(Twitter: @Ctoncels)

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