¡La ciudad que todos queremos!

Por: Bernardo Sanabria*

Martes, 12:30 del mediodía, en la esquina de la calle 76 con carrera 53 de Barranquilla.  Estimado lector, imagínese a bordo de un bus urbano a 42 grados a la sombra escuchando una canción que describe fácilmente la realidad en la que se encuentra: despacito, poquito a poquito, suave, suavecito… hasta Luis Fonsi se desespera, situación que se repite en otros rincones de esta ciudad en obra, con intolerantes armados de pitos escandalosos o conductores expertos en el arte de nombrar progenitoras cuando un vehículo los cierra.

Esta es la Barranquilla de hoy, sí señores, llena de trancones y obras como la canalización de los arroyos, el reparcheo de vías o la recuperación de los parques. Todos hemos pasado por estas incómodas situaciones que a veces logran que la ciudad se vea gris, llena de cemento y poco verde, sin embargo, son “males necesarios” para el progreso.

En algunos sectores de Barranquilla, en especial en el sur y suroccidente, había barrios donde sus vías eran intransitables, no entraba ni la policía, imperaba el miedo y los grupos delincuenciales eran los amos y señores. El panorama cambió con un programa ejecutado por la Alcaldía, que consiste en unir a la comunidad en una tarea conjunta con la Administración para pavimentar: los líderes se pusieron “manos a la obra” y las calles, anteriormente teñidas de amarillo por el polvo, dieron paso al gris del cemento.

La accesibilidad a estas zonas permitió que la vigilancia mejorara, que los planes sociales del Gobierno tuvieran una puerta de acceso, que la cultura y la Universidad al Barrio, otro programa de la Alcaldía, le sonrieran al suroccidente marginado por años. A los delincuentes les fueron cerrando los espacios y las esquinas se transformaron en parques, hoy recuperados en su mayoría.

Este año el alcalde distrital tiene presupuestada la pavimentación de 125 calles, unos 28 kilómetros en los que el Distrito tiene planeado invertir 66.000 millones de pesos.

Ahora, en la ciudad soportamos todos estos trancones para tratar de superar un problema que a lo largo de los últimos 20 años ha cobrado la vida de 43 personas. Los temibles arroyos son ríos citadinos que paralizan la urbe cada vez que llueve, por eso son los atascos en el norte, a lo largo de la carrera 21, en el sector comprendido desde la calle 63B con carrera 41 hasta la calle 48 con carrera 54, incluido el afluente de la calle 52 con carrera 38, o en la calle Hospital. Inversiones que superan los 620 mil millones de pesos y plantean la canalización de arroyos que se caracterizan por su gran caudal y los riesgos que generan.

Obras que buscan acabar con un problema que se desbordó y que bloquea el progreso de la ciudad, así que estimado lector, si está en un trancón insoportable, bajo 40 grados de temperatura, a punto de perder la paciencia; calma, respire hasta diez, cójala suave y piense que las incomodidades pasan, pero las obras quedan. Un esfuerzo general para que podamos vivir mejor en la ciudad que todos queremos.

 

*Comunicador social y periodista (Twitter @Bernardosanabri)

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